Hay lugares de la Tierra que aún quedan desafectados de las decisiones políticas, de las facturas de la luz o de la estabilidad económica. Lugares que se mantienen constantes en un mundo de proyectos urbanísticos más grandes, cementos y cambio climático, aunque para ello hay que sumergirse en las capas más profundas del planeta. En la Antártida, allí donde el tiempo tiene menos efecto es donde se encuentran ahora los archivos más valiosos de nuestra época y de las pasadas: los registros de los hielos centenarios y efímeros de nuestro planeta.
Alerta amarilla por frío polar: las provincias bajo riesgo por heladas y temperaturas extremas este martesBajo diez metros de nieve, en la interminable meseta Antártica, una bóveda de archivos invaluables esconde los secretos del hielo centenario. A principios de este año, el proyecto liderado por la Fundación Memoria del Hielo concretó un refugio para que lo efímero se vuelva perdurable. Al fondo de los mantos inmensos yace el archivo de la memoria climática del mundo, la llamada bóveda del "juicio final” o del "fin del mundo" que busca en velocidad contra reloj guardar los cilindros de hielo de los glaciares más amenazados del planeta.
Un enclave inhóspito al margen de los mapas
La bóveda del “fin del mundo” se ubica afuera de los límites de los mapas turísticos. No admite visitantes ocasionales y apenas deja que el paso del tiempo haga de las suyas. En la estación Concordia, uno de los puntos más inhóspitos de la Tierra y donde el invierno dura nueve meses, todo está detenido. La noche es eterna por semanas y el aire seco apenas permite bocanadas sin dolor. Este punto extremo resultaba magnífico para la conservación: un lugar donde lo inmutable permitiera custodiar los archivos del clima global.
“Es un lugar único. Es una idea excepcional. Es realmente una primicia en muchos aspectos”, declaró a CNN Thomas Stocker, presidente de la fundación y profesor de física climática y ambiental en la Universidad de Berna, Suiza. “No podemos salvar el glaciar entero, pero sí podemos salvar la información ambiental y climática que almacenan estos gigantes de hielo.”
Secretos milenarios bajo cero y sin electricidad
La bóveda se encuentra cercana a la Estación de Investigación Concordia, un remoto puesto avanzado franco-italiano a más de 1000 kilómetros de la costa antártica más cercana. Este refugio no está hecho ni de acero ni hormigón. Oculto bajo la nieve y a -52°C naturales, no hay sistemas de seguridad ni congeladores que zumben. El santuario fue excavado bajo diez metros de nieve y cumple la labor esencial de mantener vivos los trozos de hielo de los ecosistemas más frágiles.
Dentro de la cueva, en el corazón de la meseta antártica, se encuentran cilindros de hielo extraídos de los glaciares de montaña más amenazados del mundo. El proyecto Memoria del Hielo se puso en marcha con el objetivo de salvar los archivos naturales del clima antes de que se derritan para siempre. En el hielo se encuentran registros de la historia climática pasada: desde erupciones volcánicas y humo de incendios forestales hasta contaminación industrial y cambios en las condiciones atmosféricas que se remontan a siglos, a veces milenios.
Microburbujas: la máquina del tiempo de la ciencia
Esa información se conserva en microburbujas de aire atrapadas dentro del hielo. "Estas burbujas están llenas de aire atmoférico de la época en que se formaron, tal vez hace cien, mil o incluso un millón de años", explicó el especialista. Los científicos pueden analizar esas burbujas para reconstruir las concentraciones históricas de dióxido de carbono, metano y otros gases de efecto invernadero. Stocker afirmó que los registros de los núcleos de hielo han revelado que los niveles actuales de dióxido de carbono son entre un 30 % y un 35 % más altos que en cualquier otro momento de los últimos 800 000 años. Sin embargo, los registros que contienen otra información importante se están perdiendo.
La odisea de llevar hielos que amenazan con derretirse y contaminarse con cada paso lleva a emprender operativos de tiempos y distancias abrumadoras. Para llevarse el recuerdo del hielo es necesario un taladro cilíndrico equipado con cuchillas anulares. Este perfora el glaciar, extrayendo un núcleo vertical de hielo capa por capa. Cuanto más profundo sea el núcleo, más antigua será la historia climática que contiene.
Desafiando al deshielo a 3.000 metros de altura
Pero antes de que comience cualquier perforación, los científicos pasan meses estudiando los glaciares mediante radar de penetración terrestre para identificar las zonas más estables, donde las capas internas de hielo permanecen intactas. “Hay lugares en el planeta con registros climáticos cruciales que se pierden día tras día”, afirmó a CNN Alison Criscitiello, directora del Laboratorio Canadiense de Núcleos de Hielo de la Universidad de Alberta, quien no está involucrada con la Fundación Memoria del Hielo.“ Con cada jornada que transcurre en lugares donde se produce el deshielo, se pierde más tiempo de ese registro climático”.
Los científicos eligieron la zona cercana a la Estación de Investigación Concordia precisamente porque allí las temperaturas se mantienen lo suficientemente bajas como para que los núcleos de hielo se conserven de forma natural, sin necesidad de sistemas de refrigeración complejos. Situada en lo alto de la meseta antártica, a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, Concordia es una de las estaciones de investigación más frías y aisladas del planeta. Durante el invierno antártico, las temperaturas pueden descender por debajo de los -80 grados Celsius, y la estación permanece aislada del mundo exterior durante meses.
Una arquitectura de nieve compactada
“Este es un lugar realmente seguro. Lo hacemos aún más seguro excavando una cueva a 10 metros de profundidad”, dijo Stocker a CNN. “En esa cueva, en ese lugar, tenemos una temperatura constante de -52 grados Celsius (-61,6 grados Fahrenheit). La cueva está protegida por una capa de nieve; es esencialmente una bóveda, pero está hecha de nieve compactada”.
Durante la construcción, se excavó una zanja y se colocó un globo inflable en su interior para delimitar el espacio destinado a la bóveda, mientras los científicos compactaban la nieve a su alrededor. Una vez asegurada la estructura, se retiró el globo, dejando al descubierto una cueva con forma de túnel que se extiende a lo largo de 60 metros (197 pies) y tiene 5 metros (16 pies) de ancho. Dentro de la bóveda, los núcleos de hielo cilíndricos se almacenan en contenedores blancos aislantes, apilados en largas filas, y cada uno de ellos está cuidadosamente etiquetado. La fundación tiene como objetivo preservar núcleos de hielo de 20 glaciares de todo el mundo. Ya se han perforado diez, incluidos núcleos de los Alpes, los Andes y las montañas del Pamir en Tayikistán.